Travesía del Pacífico – Galápagos – Marquesas

Partimos de Galápagos el día 1 de mayo a las 11.00 a.m. Echaremos de menos la inusual y sorprendente fauna y flora, la amabilidad de sus gentes y sobretodo las margaritas frías en The Rock, con la tripulación del Daruma y del Sula. Nuestra singladura ha comenzado y ya no hay marcha atrás. Tenemos 3.000 millas por delante y un océano por descubrir.

Nuestro planeta azul es 2/3 partes agua salada. En el hemisferio Sur esto es más patente, ya que predominan los océanos, por encima de las masas de tierra. Así desde el primer día de travesía el océano Pacífico nos muestra su inmensidad, su riqueza, su magnitud. Reescalmos nuestro ego frente a un Pacífico interminable, bajo las estrellas infinitas. El color azul oceánico sólo se admira en alta mar y hace pensar en las profundidades abisales que esconde. Es fácil conseguir 5.000 m. de profundidad apenas saliendo de Galápagos.

Las rutinas a bordo se suceden como los días. Las guardias, las horas de descanso y las comidas modelan nuestros horarios. Sin embargo, los pequeños rituales que toda la tripulación comparte son los que responden al placer y no a la obligación. A las 12.00 las tareas a bordo se detienen por unos instantes para hacer un pequeño aperitivo, como un humilde homenaje a las millas recorridas durante el día. El cálculo de las millas recorridas y las restantes para llegar a destino se calculan con rigor diariamente a las 11.00 hora cuaderno de bitácora.
Al ponerse el sol, toda la tripulación se reúne en proa. Es el momento de inmortalizar la puesta de sol y de consagrar unos minutos a la contemplación de la naturaleza y de agradecer la oportunidad de ser protagonistas de esta singular singladura que siempre recordaremos.
La cocina en el Simpatic ha sido toda una fiesta. Hemos compartido a bordo platos tradicionales como el pulpo a feira, otros más sofisticados como los rollitos de sushi, e incluso hemos degustado bizcochos, panes y pizzas acabadas de hornear. Todo ello regado con buenos caldos y como no, con cerveza bien fría cuando el calor apretaba. Pero lo más esperado siempre era la hora de las palomitas. Otra tradición en el Simpatic. El momento prefecto para narrar aventuras naúticas, historias de sirenas y por supuesto la hora de explicar chistes.

Después de varios días con olas de unos 4 metros, en la última parte de la travesía, decidimos de nuevo echar la caña y probar suerte con la pesca. De repente, la caña volvió a silbar salvaje. La luna llena ilumina la cubierta del barco y ofrece un espectáculo teatral del océano Pacífico. Como un foco cenital da luz y relieve al mar, mostrando unas olas brillantes y rugosas que marcan una estela plateada de nuestra ruta hacia Marquesas.
Nuestra única propulsión durante toda la travesía han sido nuestras velas; un Genaker, un Génova, la Mayor y un Parasailor para ventolinas de popa. Más de 3.000 millas sin un sólo día de motor, con la compañía suave y constante de los alisios es el sueño de cualquiera que ame nuestro planeta. La eficiencia, simplicidad y economía de esta forma de viajar no deja de sorprenderme. Desplazar 8,5 Tn. del Simpatic con la suavidad con la que una bailarina se desliza por un escenario infinito invita a no regresar a tierra. El Simpatic no navega, sino que flota, surfea la ola, cabalgando en esa sutil linea entre el océano y el cielo.
A 240 millas de nuestra llegada a Marquesas el viento nos abandona casi por completo. 5 nudos de viento real es un suspiro para un navegante. Pero gracias a esa magnifica vela que es el Parasailor se ha optimizado el viento de manera asombrosa, consiguiendo velocidades de hasta 5,1 nudos en estas condiciones. ¡Casi magia! Esa noche, la más tranquila de nuestra singladura, apenas se oye el repiqueteo de los cabos contra el palo. Reina el silencio en la oscuridad. Las olas de terciopelo mecen con delicadeza los cascos del Simpatic. La luna nos acompaña, como una amiga fiel, ahora ya llena, iluminando el camino. Apelamos a Eólo, dios del viento romano para finalizar la última etapa de nuestra aventura.

Nuestro destino se acerca más y más y nos inunda una mezcla de sentimientos: la melancolía romántica del que nunca recalaría en puerto alguno; la esperanza de una bienvenida digna de paraíso terrenal; la satisfacción de haber cumplido nuestra meta y finalizar sin percance alguno la travesía más larga entre islas del planeta. Fatu Hiva es nuestro objetivo y según los cálculos, podemos llegar a media mañana del 20 de mayo. El viento tiene la última palabra.
Avistamos tierra el 20 de mayo a las 7:40 horas cuaderno bitácora. Entre nubes grises, en el horizonte se dibuja la ladera norte de Fatu Hiva. Diversos tipos de pájaros nos dan la bienvenida anunciando la pronta llegada a tierra firme. Aún faltan 33 millas para fondear en Baie des vièrges.
La impaciencia nos invade. Toda la tripu hace cálculos mientras de trasfondo la isla cobra volumen y color. Volumen escarpado ; color verdoso. El Simpatic ha navegado a una media de 6.6 nudos en una travesía de 3050 millas que ha durado un total de 462 horas. No está nada mal…ha sido una una travesía ideal, con los alisios constantes, buen tiempo y por supuesto, buena compañía. Y sobretodo esta singladura ha dejado patente lo marinero y robusto que es el Simpatic, nuestro cata de 11 metros, nuestros hogar durante 20 días de aventura.

Y por fin el paraíso soñado. Nos acercamos poco a poco a tierra divisando una gran cresta verde con imponentes acantilados cubiertos de una alfombra vegetal. Las olas rompen contra la pared de roca vertical creando una linea plateada de espuma. Las palmeras se precipitan al abismo para saludar a los recién llegados. Se bambolean a merced del viento y nos anuncian el exotismo de la isla. Son las dos hora local cuando echamos el ancla, en un fondo rocoso, oscuro, casi opaco. Nuestra singladura ha llegado a su fin, entre vítores de alegría y felicitaciones de nuestros compañeros de viaje, la tripulación del Daruma.

Después de un merecido descanso, cae la noche con una rapidez pasmosa, ya que sobre las cinco el sol se retira tras la caldera volcánica que nos protege en este fondeo considerado uno de los más bonitos del mundo. La noche agudiza nuestros sentidos y un olor fresco a arbusto, una esencia sutil de vainilla insinúa la flora que nos espera en tierra firme. Una vegetación coronada de flores en cada rincón de la isla, con las que las mujeres se engalanan el pelo con enormes coronas.

La isla provee a los locales de mangos, aguacates, bananas, limones y vainilla que resultan moneda de cambio para conseguir galletas, chocolate y golosinas para los niños; alcohol, utensilios de pesca y pintalabios para los adultos. Un trueque que se aprovecha para conocer un poco al otro, al que viene de la otra parte del mundo con ansias de conocer la isla y sus gentes. También sus tradiciones. Como la elaboración del tapa, una especie de papiro hecho de hojas que posteriormente es decorado con motivos geométricos y animales. La escultura se da cita en la isla. Hay tikis, esculturas polinesias, en toda la isla. Estas figuras imponentes que nos perforan con la mirada, desafiantes, nos explican el pasado místico y mágico de Fatu hiva. Esa espiritualidad se respira en cada esquina. Desde el Simpatic, al caer la noche, los espíritus primitivos nos observan y sentimos su presencia cuando el viento catavático, un terral intenso que baja de la montaña acaricia nuestra piel.

La travesía ha valido la pena. La recompensa: un lugar lejano,exótico, bello donde recalar. El reto personal ha llegado a su fin con un regusto a victoria. La sensación de superación personal, de experiencia única, de independencia colma con creces las expectativas que uno construye antes de iniciar el viaje. A veces, la realidad supera nuestros sueños.

Redactado por Helda Calvo

Un comentario en “Travesía del Pacífico – Galápagos – Marquesas

  1. Chicos, me tenéis alucinado. Lo que daría por estar ahí con vosotros.
    Isabel y yo os vamos siguiendo a través de Faceboock. Hoy he visto el Lagoon 420 en el puerto de Premia en seco y he buscado vuestra web para ver si era el mismo modelo.
    Por cierto escribís muy bien.

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